Las necesidades de atención del hogar y cuidados del entorno familiar no han constituido un problema digno de atención mientras se han resuelto tras los muros del hogar, dentro del espacio privado y asumidas por las mujeres, inculcándose como si esto fuera una responsabilidad natural.
Cuando esta responsabilidad ha sido depositada en una persona profesional, generalmente una mujer, ha sido desde unas condiciones marcadas por el Real Decreto 1424/1985 de 1 de agosto, por el que se regulaba la relación laboral de carácter especial del servicio del hogar familiar y cuya
característica principal ha sido dejar al descubierto muchas situaciones susceptibles de protección.
Sin embargo, esta situación ha cambiado, debido a que el nuevo modelo del Servicio del Hogar Familiar vigente desde el 1 de enero de 2012, amplia el sistema de protección de las personas empleadas de hogar, así como acercando las condiciones de personas trabajadoras del Régimen
General, elevando de esta forma el reconocimiento social que esta profesión se merece. Por otro lado esta nueva regulación va a permitir sacar de la conomía sumergida a miles de mujeres que hasta la fecha la legislación no les daba alternativas.